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Pensaba que iba a ser más complicado, pero está bastante bien explicado. Lo estoy rellenando poco a poco y hay cosas que ni se me habían ocurrido.
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Herencias y trámites
Por Marta Galván | 14 de febrero de 2026 | Lectura: 4 minutos
En casi todas las casas hay una persona que se ocupa. Sabe cuándo vence el seguro, en qué banco está cada recibo y en qué cajón duerme la escritura. Los demás viven tranquilos precisamente porque ella está.
Esa tranquilidad tiene una trampa. El día que esa persona no pueda atender —un ingreso largo, un accidente, o cuando falte—, quien tome el relevo no hereda un orden: hereda un rompecabezas sin la tapa de la caja.
Estas son las cinco piezas que más cuesta encajar.
Haz la prueba de enumerarlo de memoria. Las cuentas del día a día salen solas. Lo difícil es lo otro: el seguro que venía con la hipoteca, el plan de pensiones de una empresa de la que te fuiste, la libreta que apenas tocas.
Si a ti se te escapan, imagina a quien ni siquiera sabe que tiene que buscarlas. Pasa tanto que en 2007 el Gobierno tuvo que crear un registro de seguros de vida, por «el frecuente desconocimiento de la existencia de esos seguros». Y la ley da por abandonado, y entrega al Estado, el dinero de cuentas y depósitos sobre los que nadie hace ninguna gestión en veinte años.
Fuente: Ministerio de Justicia; Consejo de Ministros de 23 de marzo de 2007; Ley 33/2003, artículo 18.
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Al ponerme a rellenar Legavia, me acordé de una cuenta que llevaba años sin utilizar. Mis hijos ni sabían que existía. Eso me hizo pensar en cuántas cosas doy por sabidas y nunca les he contado. Ahora las tengo apuntadas y saben dónde encontrar la información.
Es fácil suponer que, llegado el momento, alguien lo tendrá todo junto: el notario, el banco, «los de Hacienda». No es así.
Hay un certificado que dice si hiciste testamento y ante qué notario, y otro que dice si constas como asegurado. Ahí se acaba lo que está centralizado. En qué bancos tienes cuenta, qué recibos se cobran solos, qué debes y qué te deben: eso se pregunta entidad por entidad, y solo se pregunta si a alguien se le ocurre preguntar.
Tus hijos saben dónde vives y probablemente cuál es tu banco de siempre. El resto lo sabes tú.
Fuente: Ministerio de Justicia, Registro General de Actos de Última Voluntad y Registro de Contratos de Seguros de cobertura de fallecimiento.
El duelo pide tiempo y los trámites no lo dan. Algunos tienen fecha fijada por ley, y esa fecha no se mueve porque la familia siga buscando una póliza. Cada semana que se va en localizar documentos es una semana menos para decidir con calma.
Estos son los principales. Unos son plazos legales y otros, simple buena práctica; conviene distinguirlos.
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Cuando falleció mi padre, perdimos mucho tiempo buscando documentos que nos iban pidiendo. Por eso decidí preparar los míos con Legavia. Lo he ido completando poco a poco y mis hijos ya saben dónde encontrarlo. Me tranquiliza dejarles esa parte más fácil.
Las escrituras en el mueble del salón. Las pólizas en una carpeta. Las facturas en el correo electrónico, el banco en una aplicación y los contratos en un PDF que llegó hace años. Para ti es un sistema. Para otra persona son veinte sitios, y la mitad no se ven.
La ley reconoce a tus familiares el derecho a dirigirse a los servicios digitales para acceder a lo que tengas en ellos, salvo que lo hayas prohibido. Pero ese derecho sirve de poco si no saben que la cuenta existe.
No hace falta mudarlo todo a un mismo lugar. Hace falta un índice: una hoja que diga qué hay y dónde está.
Fuente: Ley Orgánica 3/2018, artículo 96.
Tus hijos no preguntan para no parecer interesados. Tú no sacas el tema para no preocuparlos. Y así pasan los años, con las dos partes convencidas de que ya habrá un momento mejor.
Por eso a mucha gente le resulta más fácil escribirlo que decirlo. No hay que reunir a nadie ni hablar de enfermedades ni de herencias: se rellena una ficha un domingo, otra la semana siguiente, y un día basta con decir «si alguna vez hace falta, está en esta carpeta».
Es la misma conversación, pero ya hecha.
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Siempre que pensaba en hablar de estas cosas con mis hijos, lo dejaba para otro día. Empezar a escribirlo me resultó más fácil. Fui rellenando Legavia a ratos y, cuando vino mi hija a comer, le enseñé dónde lo guardaba. La conversación que tanto me costaba salió de lo más natural.
Compruébalo
Marca «Sí» solo si alguien de tu casa podría responder hoy sin preguntarte a ti.
Responde a todas para ver tu resultado.
Te falta dejarlo por escrito en un único sitio, para que no dependa de la memoria de nadie.
Tu familia sabría por dónde empezar, pero varias cosas tendría que reconstruirlas por su cuenta.
No es raro: suele pasar cuando una sola persona lleva los papeles. Tiene arreglo, y puedes empezar hoy.
Lo que marques se queda en tu dispositivo. No se guarda ni se envía nada.

De Legavia
La ficha de este artículo es una de las 18 a 38 páginas del kit, según el que elijas.
30 días para probarlo
4.9/5 · 1789 opiniones de clientes

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Pensaba que iba a ser más complicado, pero está bastante bien explicado. Lo estoy rellenando poco a poco y hay cosas que ni se me habían ocurrido.
Kit Familiar

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Yo ya tenía testamento, pero mis hijos no sabían dónde guardaba la mitad de los documentos. Me ha venido bien para poner un poco de orden.
Kit Serenidad Total

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Mi marido y yo nos sentamos una tarde a revisarlo y acabamos hablando de cosas que nunca habíamos comentado. Me alegro de haberlo comprado, la verdad.
Kit Serenidad Total

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Lo compré con dudas porque no me apaño mucho con el ordenador. Mi hija me lo imprimió y ahora lo tengo en una carpeta. Mucho más cómodo para mí.
Kit Básico

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No tenemos grandes propiedades, solo el piso, las cuentas y algún seguro. Aun así me he dado cuenta de que había bastantes cosas que mi marido y yo teníamos que dejar apuntadas.
Kit Serenidad Total